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Antonio Fernández Álvarez2019-02-26T09:00:56+00:00
Antonio Fernández Álvarez

Antonio Fernández Álvarez

Asesinado 21 de agosto de 1988. Estella (Navarra)

Antonio Fernández Álvarez. Guardia civil.

El día 20 de agosto, las Gestoras Pro Amnistía habían tratado de realizar movilizaciones masivas de ciudadanos en el País Vasco y Navarra, con la colaboración de Herri Batasuna, en busca de apoyo para los presos de ETA, así como para los etarras huidos al extranjero. Esa marcha había sido prohibida, al no haberse cursado oficialmente una solicitud de autorización previa. Se temía, además, que los actos programados se convirtieran en una exaltación del terrorismo y que fueran acompañados por actos de violencia callejera. Al final, la presencia del Cuerpo Nacional de Policía y la escasa capacidad de movilización de los participantes hizo que la convocatoria fracasara.

Al día siguiente, sobre las 7:30 horas, un coche-bomba explotaba en el casco urbano de la localidad de Estella al paso de una patrulla de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil. El explosivo, compuesto por veinticinco kilogramos de amonal y otros cuarenta más de metralla, había sido colocado en un turismo robado. Los dos agentes de la Guardia Civil que viajaban en el vehículo alcanzado, Antonio Fernández Álvarez y JOSÉ ANTONIO FERRI PÉREZ, murieron en el acto.

Antonio Fernández Álvarez era natural de Salamanca y le quedaba un mes para su treinta y seis cumpleaños cuando fue asesinado. Estaba casado y tenía dos niños, de diez y seis años. Llevaba nueve destinado en Estella y desde 1976 era miembro de la Agrupación de Tráfico de la Guardia Civil.

Unos días antes los agentes José Antonio Ferri y Antonio Fernández habían participado en una arriesgada operación de salvamento en el transcurso de un incendio que había tenido lugar en Estella. Ese hecho causó que la indignación popular por el crimen fuera aún mayor. La ciudad de Estella manifestó su repulsa hacia el atentado en una manifestación silenciosa en la que tomaron parte unas cinco mil personas.

La onda expansiva afectó también a María del Puy García Michelena, de veinticuatro años, y a uno de sus hijos gemelos de dos meses de edad, cuando la joven se encontraba preparándoles el biberón en su casa. Ambos sufrieron heridas leves por cortes de cristales. Otros cinco guardias civiles y un civil resultaron heridos, varios de ellos de gravedad, al estallar un coche-bomba colocado por ETA en las proximidades de Bergara (Guipúzcoa) días antes del asesinato de los dos agentes en Estella.

En junio de 1992, la Audiencia Nacional absolvió al etarra Germán Rubenach Roig por su vinculación con la muerte de los dos guardias civiles al considerar que no estaba probada su participación en los hechos que le imputaba la Fiscalía. No obstante, el etarra fue condenado, entre otras causas, por el secuestro del industrial Adolfo Villoslada en 1989. En junio de 1990 Rubenach resultó herido en la Foz de Lumbier después de que intentara suicidarse pegándose un tiro en la cabeza al saberse cercado por las Fuerzas de Seguridad. En ese mismo episodio murieron los etarras Juan María Lizarralde Urreta y María Susana Arregui cuando huían de la Guardia Civil tras haber asesinado al sargento de la Benemérita JOSÉ LUIS HERVÁS MAÑAS (pág. 746) en dicho paraje navarro. En esta última acción participó Rubenach, quien aseguró ante un juez de Aoiz (Navarra) que sus compañeros de comando se habían suicidado al sentirse rodeados por la Policía.

Véase también José Antonio Ferri Pérez.

VÍCTIMAS DEL TERRORISMO
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