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Diego Salvá Lezáun2019-02-26T09:09:54+00:00
Diego Salvá Lezáun

Diego Salvá Lezáun

Asesinado 30 de julio de 2009. Calviá/Calvià (Islas Baleares)

Diego Salvá Lezáun. Guardia civil.

Diego Salvà Lezáun, de veintisiete años, sobrevivió a un grave accidente de motocicleta que había sufrido en marzo de 2009 y que le había sumido en estado de coma durante veintitrés días debido a un traumatismo craneoencefálico severo. Al recuperar la conciencia, tuvo que superar una larga convalecencia que le llevó a estar varios meses ausente de su destino profesional en el cuartel de la Guardia Civil de Calvià. Justo el día en que volvía al trabajo tras el periodo de baja médica, terroristas de ETA lo asesinaron a él y a su compañero CARLOS ENRIQUE SÁENZ DE TEJADA GARCÍA mediante la explosión de una bomba-lapa adosada a los bajos del vehículo ofi cial que acababan de arrancar.

Diego Salvà Lezáun había nacido en Pamplona en 1982, pero a temprana edad se trasladó junto a su familia a Palma de Mallorca, ciudad donde creció y siempre vivió. Segundo de siete hermanos, su familia era muy conocida en Palma de Mallorca debido a que su padre, Antonio Salvà Verd, es un prestigioso urólogo. El agente Salvà estaba soltero, aunque tenía novia desde hacía seis años.

Ingresó en la Guardia Civil en agosto de 2008 y comenzó a trabajar a finales de enero de 2009 como agente auxiliar en prácticas en el cuartel de Calvià. A propósito de la profesión que Diego Salvà había elegido, su madre, Montserrat Lezáun, manifestó al diario balear Última Hora (26/08/2009) lo siguiente:

Él quería ser de la Guardia Real o, si no, del grupo de intervención especial dentro de la Guardia Civil, para lo cual se estaba preparando. Y yo creía que tenía todas las posibilidades: era motero, muy buen esquiador, como buceador tenía una estrella, le gustaba el mar, los barcos… Y si eligió Palmanova, que según decían, era de lo peorcito, fue precisamente por eso.

Según relataron varios de sus familiares y allegados a diversos medios de comunicación, el guardia Salvà era un apasionado de las motos y un gran deportista. Era alegre y positivo. Según destacó el Diario de Mallorca (31/07/2009), su frase de presentación en su perfi l de Facebook era: «El pesimista se lamenta de que no sople el viento. El optimista espera a que cambie y el realista se pone a remar».

Ese carácter luchador y vitalista le ayudó a superar las secuelas del grave accidente de tráfico referido. A ese respecto, su hermano Eduardo contaba lo siguiente a El Periódico de Catalunya (30/08/2009):

Estuvo veintitrés días en coma y, de pronto, despertó y le pidió a una de mis hermanas que le sentase en la cama. Y, a partir de ese día, todos los hermanos nos relevábamos, cada cinco horas, y le enseñamos, de nuevo, a gatear, a andar, a comer, a hablar, a todo. Era como criar un bebé. Fue bestial. Piense que Diego era un toro. Pesaba ochenta y cinco kilos y, tras el accidente, perdió veinticinco. Una vez recuperado, aunque no del todo, pasó nuevas pruebas en la Guardia Civil y supongo que, de momento, iban a destinarlo al papeleo. ¿Sabe qué pienso? Que Dios le concedió una prórroga. Le dijo: «Baja otra vez, despídete y vuelve a subir. Aquí te espero». No creo que nadie haya tenido los veintisiete años tan hermosos y felices que ha tenido Diego.

Casualidad o no, el atentado que segó la vida de los guardias civiles Sáenz de Tejada García y Salvà Lezáun fue cometido un día antes de que se cumplieran los cincuenta años desde que la organización terrorista ETA remitiera al presidente del Gobierno vasco en el exilio, José Antonio Aguirre, una carta en la que le informaba de su fundación a comienzos de 1959. Fueron numerosos los artículos de análisis y opinión que aparecieron en la prensa española con ocasión de esa efeméride.

En su edición del mismo día del cincuenta aniversario, el 31 de julio de 2009, el diario El País publicó un artículo de Antonio Elorza, catedrático de Ciencias Políticas de la Universidad Complutense de Madrid, en el que el autor se expresaba así:

A medio siglo de su fundación, ETA tiene el dudoso honor de ser la organización terrorista más veterana del continente. Por mucho tiempo, observadores demócratas de dentro y fuera de España creyeron que se trataba de una respuesta a la opresión ejercida por la dictadura de Franco sobre el País Vasco y que, en consecuencia, por encima de lo discutible de sus métodos, se trataba de un movimiento social y político de signo progresista, a lo cual contribuía su retórica izquierdista adoptada al calor de los años sesenta. El atentado exitoso contra Carrero Blanco pareció confirmar esa imagen, pronto desmentida, sin embargo, por otro atentado, el de la calle del Correo. Y ciertamente el franquismo fue un agente de radicalización del nacionalismo vasco radical, como lo fue la persistencia de las torturas, por no hablar del terrorismo de Estado tipo GAL, en los primeros años de la democracia. Pero el fondo del problema es que a fines de los setenta, como hoy, como ocurriera para sus precursores en 1936, la cuestión para ETA no era la presencia o ausencia de democracia, sino la exigencia de vencer al «enemigo» por antonomasia: España.

Por otro lado, el cineasta y escritor Iñaki Arteta firmó un artículo en el diario El Mundo (31/07/2009) en el que analizaba el miedo vivido, sufrido, a veces soslayado, por la ciudadanía vasca y española con respecto al terrorismo practicado por ETA. Escribió Arteta:

Como un elemento contemporáneo de nuestro paisaje, el miedo convive con nosotros desde hace cincuenta años. Como una rutina adquirida por nuestro comportamiento, se ha temido y se teme. No se trata de que nos puedan matar por la calle; sabemos que muy pocos, poquísimos, tienen ese riesgo. Sin embargo, consciente o inconscientemente, se teme.

Arteta, director del documental El infierno vasco (2008), se atrevió a decir:

El miedo, motor de nuestros actos, de nuestra indignidad, no nos engañemos, también nos ha traído a Euskadi parte de nuestro bienestar económico, de nuestro estatus político. ¿Quién se atreve a renunciar a lo que en nuestro nombre se exigió bajo amenazas? Un sentimiento de culpa nos perseguirá siempre. Lo que tenemos, lo que no tenemos, lo que hicimos, lo que dejamos de hacer.

Arteta finalizó su artículo en El Mundo con este párrafo:

Esta misma semana, ETA ha vuelto a atacar, primero en Burgos y ayer en Mallorca, donde murieron dos personas. Continúa así la ininterrumpida labor de la banda comenzada hace ya demasiado tiempo, ya cincuenta años, de amedrentarnos a todos. Me atrevo a decir que hoy corren buenos tiempos, mejores que nunca, para la derrota del miedo, del silencio cómplice y cobarde. Pero la última batalla, la definitiva, se libra en nuestra habitación, de noche, en soledad, contra uno mismo.

El 5 de diciembre de 2009 Diego Salvà Lezáun y Carlos Enrique Sáenz de Tejada fueron homenajeados por el Ayuntamiento de la ciudad en la que fueron asesinados. El alcalde entregó a los padres de los agentes la Medalla de Oro de Calvià, localidad que puso el nombre de los guardias civiles asesinados a dos calles del municipio. Las madres de las dos jóvenes víctimas descubrieron las placas de las calles con los nombres de sus hijos.

En su discurso, el alcalde de Calvià, Carlos Delgado, destacó que los dos guardias civiles murieron

«por la bandera de España» que es la que «juraron defender y la que simboliza la unidad de todos los españoles».

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