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Joaquin Imaz Martínez2019-02-26T08:40:59+00:00
Joaquin Imaz Martinez

Joaquin Imaz Martínez

Asesinado 26 de noviembre de 1977. Pamplona

Joaquin Imaz Martinez. Comandante de la Policía Armada.

El cuerpo sin vida del comandante Joaquín Imaz Martínez fue encontrado tendido al pie de un árbol, cubierto por una manta, en los aparcamientos contiguos a la plaza de toros de Pamplona. Varios miembros de ETA le habían esperado al anochecer del día 26 cuando se dirigía a coger su automóvil, estacionado cerca del coso taurino. El comandante Imaz era un hombre conocido en Pamplona que acostumbraba a salir con sus amigos. Los terroristas sabían de esta faceta social del militar y esperaron a que regresara a coger el coche para llevar a cabo el atentado.

Sobre las 22:15 horas, los miembros de un comando etarra le dispararon por la espalda, alcanzándole en la cabeza. Cuando cayó al suelo le remataron con un tiro en la sien. Este asesinato fue el primero que cometió la banda terrorista en Navarra.

Joaquín Imaz, comandante jefe de la Policía Armada de Pamplona, nació en Pamplona en 1927. Estaba casado y tenía una hija de siete años. Ingresó en 1946 en la Academia Militar y su primer destino fue el Sáhara, donde prestó servicios con el grado de teniente. En Santa Cruz de Tenerife, con igual graduación, desempeñó funciones en la Policía Armada. Dentro de este cuerpo de orden público fue nombrado ayudante del comandante en Bilbao. Ascendió a capitán y se reincorporó al Ejército con destino en Cataluña y después en el regimiento América 66 de Pamplona. Ya con el grado de comandante, volvió a la Policía Armada y fue destinado a San Sebastián, donde permaneció más de un año. Desde allí se trasladó de nuevo a su ciudad natal para hacerse cargo del mando de la 64 Bandera de la Policía Armada.

Joaquín Imaz recibió varias amenazas de muerte a las que no concedió demasiado crédito. La última tuvo lugar pocos días antes del atentado y en ella se decía que le quedaban pocas horas de vida. Al parecer, esta amenaza la tomó más en serio, pero siguió negándose a ser protegido por una escolta o a llevar encima arma alguna. Como recogía el diario El País del 30 de noviembre, solía decir a sus amigos: «sería inútil, pues si han de matarme, lo harán por la espalda». De hecho, al comentar la última amenaza recibida, dos de sus amigos se ofrecieron a acompañarle, pero él rechazó la oferta con estas palabras: «Mejor será que caiga yo solo a que sean tres las víctimas».

La sentencia número 39 dictada en 1979 por la sección 2.ª de la Sala de lo Penal de la Audiencia Nacional condenó al miembro de ETA Francisco Javier Martínez Apesteguia por su participación en este asesinato. La sentencia incluía también la obligación del acusado de indemnizar a los herederos legales de la víctima con 5 millones de pesetas.

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