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Julián Embid Luna2019-02-26T09:08:53+00:00
Julián Embid Luna

Julián Embid Luna

Asesinado 30 de mayo de 2003. Sangüesa (Navarra)

Julián Embid Luna. Policía nacional.

En torno a las 12:30 horas, BONIFACIO MARTÍN HERNÁNDEZ y Julián Embid Luna, de cincuenta y seis y cincuenta y tres años, respectivamente, terminaron su trabajo en Sangüesa, adonde habían acudido para instalar una oficina móvil de expedición del Documento Nacional de Identidad. Cuando arrancaron el vehículo oficial explotó una fiambrera con tres kilos de dinamita Tytadine que miembros de ETA habían conseguido colocar en los bajos del vehículo de los agentes. La potente explosión, que elevó el automóvil hasta una altura de cuatro pisos, acabó con la vida de los dos agentes e hirió a varias personas, entre ellas, el también miembro del Cuerpo Nacional de Policía Ramón Rodríguez. Este último salvó la vida porque todavía no se había subido al vehículo en el momento en el que estalló.

Julián Embid Luna era natural de Sabiñán (Zaragoza) y vecino de Cizur Mayor (Navarra). Estaba casado y tenía dos hijos. Ingresó en el Cuerpo Nacional de Policía en 1974 y llevaba destinado en Pamplona desde 1983. En el momento de su asesinato trabajaba en la Brigada de Extranjería y Documentación. Contaba con ocho felicitaciones y en 1993 recibió la Cruz con distintivo blanco. Sus vecinos de Cizur destacaron su calidad humana, algo que también valoraron especialmente los muchos amigos que conservaba en su localidad natal, a la que siempre acudía con motivo de las fiestas patronales.

El diario El Periódico de Aragón (31/05/2004) reflejó en una crónica el profundo aprecio que sentían por él en esa pequeña localidad aragonesa:

Aunque ha pasado un año desde que Julián Embid muriera a manos de la sinrazón de ETA, en su pueblo natal, Sabiñán, su presencia permanece hoy más viva que nunca. Ayer, los familiares y vecinos de la última víctima del grupo terrorista vasco le rindieron un merecido homenaje. Que su recuerdo está presente se advierte en la memoria inquebrantable de sus paisanos, en la forma con que es evocado desde los corrillos de gente, en la emoción contenida que se deja sentir en cada rincón de sus calles. Una cercanía que ha cruzado incluso las paredes de los hogares para instalarse dentro. Una fotografía de su equipo de fútbol en el álbum de fotos, una camiseta con su imagen serigrafi ada en el perchero, o un recuerdo de su boda que ha salido definitivamente del cajón de los olvidos para posarse sobre una librería, recuerdan su cariño certero.

La hija de la víctima agradeció con estas palabras el homenaje que el pueblo le tributó en el primer aniversario de su asesinato:

«Quiero daros las gracias a todos por venir y por no haberos olvidado de él».

Con el fin de mantener vivo el recuerdo de este vecino asesinado por ETA, y de reconocer su labor de servicio a la comunidad, se instaló una placa de cerámica «A la memoria de Julián Embid Luna, el Juli». Además, el agente fue nombrado hijo predilecto de Sabiñán, municipio que también le dedicó un parque infantil. De ese modo, como concluyó la crónica de El Periódico de Aragón,

«generación tras generación, los más mayores podrán explicar a sus hijos quién era Julián Embid Luna, al que llamaban el Juli».

El funeral por los policías asesinados fue oficiado en la catedral de Pamplona por el arzobispo de la ciudad, Fernando Sebastián, que en un momento de la ceremonia señaló:

«No se puede matar, no se puede colaborar con los que matan, no se puede apoyar de ninguna manera a quienes colaboran con los que matan». En lo que fue interpretado como una crítica velada al nacionalismo institucional, el arzobispo reclamó erigir «un muro de rechazo moral [a la] perversión de la conciencia [que] justifica los crímenes en favor de unos proyectos políticos convertidos en verdaderos ídolos».

Al finalizar la ceremonia, los féretros de los dos asesinados, cubiertos con la bandera de España, fueron portados a hombros por sus compañeros del Cuerpo Nacional de Policía. Previamente el presidente del Gobierno había accedido al altar con el fin de condecorar a los dos agentes con la Medalla de Oro al Mérito Policial.

Un día después miles de personas recorrieron las calles de Pamplona en protesta por el crimen. Ana, hija de Julián Embid, leyó un comunicado en el que criticó a la

«gente que cree que en Navarra solo existen ellos y debemos permitirles todo lo que hacen, mientras el resto somos ciudadanos de segunda».

Lo hizo subrayando «que tanto Boni como Julián sentían como suya» esa tierra. Seguidamente advirtió en relación con la negativa del Parlamento vasco de difundir por la cadena autonómica Euskal Telebista (ETB) un spot publicitario de la Fundación Víctimas del Terrorismo:

«Nos vais a seguir viendo en cualquier actividad cotidiana, menos en el anuncio por todas las víctimas del terrorismo que ETB no emitirá, porque resulta demasiado violento que entremos en vuestras casas».

Véase también Bonifacio Martín Hernández.

VÍCTIMAS DEL TERRORISMO
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